Las sorprendentes razones por las que los agricultores riegan a plena luz del sol

El riego de los cultivos a plena luz del día provoca cada verano la misma incomprensión. Los cañones de riego giran bajo un sol de plomo, y el reflejo común consiste en ver un desperdicio masivo por evaporación. Los datos físicos y regulatorios cuentan una historia más matizada, donde la pérdida real de agua es marginal y donde las restricciones técnicas dictan los horarios mucho más que el sentido común aparente.

Evaporación real durante la aspersión: los datos medidos

El reproche más frecuente se basa en una cifra a menudo mencionada por los vecinos: el 30 al 40 % del agua de riego se perdería por evaporación bajo el calor. Los trabajos de Jean-Louis Durand, director de investigación en el Inra y bio climatólogo, contradicen frontalmente esta estimación.

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Según sus medidas, el agua vertida durante las horas cálidas beneficia al 97 % a la planta. El 2 al 3 % restante se evapora a nivel del chorro de agua, entre la salida del cañón y el suelo, sin llegar nunca al follaje ni a la tierra. Laurent Huber (Inra) y F. Dubois de la Sablonière (agencia del agua Loire-Atlantique) confirman este análisis en la revista Perspectivas agrícolas, donde interrogan directamente la validez de la hipótesis de grandes pérdidas durante las horas cálidas.

Para entender por qué los agricultores riegan a plena luz del sol, hay que observar lo que sucede en el suelo. Una vez que el agua toca la tierra o la planta, la cubierta vegetal limita fuertemente la evaporación directa. El suelo desnudo, por su parte, pierde más, pero las parcelas regadas rara vez están desnudas en plena temporada de crecimiento.

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Idea recibida Dato medido (Inra)
30 al 40 % de evaporación a plena luz del sol 2 al 3 % de pérdida solo en el chorro de agua
El agua no llega a la planta El 97 % del agua beneficia directamente al cultivo
Regar por la noche elimina toda pérdida La diferencia de pérdida entre día y noche sigue siendo marginal en el chorro

Agricultora inspeccionando gotas de agua sobre hojas de verduras regadas a plena luz del sol

Decretos de sequía e irrigación: reglas que varían según la técnica

Ver un campo regado a las 14 horas no significa que el explotador esté infringiendo la ley. Los decretos de sequía prefectorales distinguen claramente las técnicas de riego y no las someten a las mismas restricciones horarias.

La aspersión por cañón o rampa puede estar prohibida en franjas horarias específicas (a menudo entre las 11 h y las 18 h o entre las 14 h y las 17 h según los departamentos). En cambio, el riego localizado (goteo, microaspersión) sigue siendo generalmente permitido incluso durante el día, incluso en períodos de alerta reforzada.

Los decretos también prevén excepciones específicas:

  • El agua de lluvia almacenada en embalses desconectados de la red hidrográfica a menudo escapa a las restricciones, ya que no se extrae de los recursos en períodos de sequía.
  • Cultivos de alto valor añadido (horticultura, semillas, viveros) se benefician de franjas ampliadas para evitar pérdidas de cosecha irreversibles.
  • Los sistemas localizados, cuya eficiencia supera con creces la de los cañones, están menos regulados porque su consumo por hectárea es considerablemente inferior.

Un agricultor bretón citado por France 3 Régions resume la tensión: “Ponemos en peligro nuestras explotaciones al no regar como queremos.” Algunos explotadores reconocen infringir las restricciones para no perder sus cultivos, lo que alimenta el debate entre la preservación del recurso y la supervivencia económica de las granjas.

Restricciones técnicas y logísticas del riego nocturno

La idea de regar exclusivamente por la noche parece lógica desde el punto de vista de un particular que programa un aspersor de jardín. A escala de una explotación agrícola, la realidad logística complica esta opción.

Un cañón de riego cubre una superficie limitada y debe ser movido varias veces para tratar toda una parcela. El tiempo necesario para regar una explotación entera a menudo supera las horas nocturnas disponibles. Un explotador que tiene varias decenas de hectáreas para regar no puede concentrar todo el trabajo entre las 21 h y las 6 h de la mañana.

La presión en las redes colectivas de abastecimiento plantea otro problema. Cuando todos los regantes de una misma cuenca riegan simultáneamente por la noche, la presión cae. El caudal en el cañón disminuye, el riego se vuelve menos homogéneo, y el tiempo de paso por posición se alarga, lo que empuja mecánicamente parte del trabajo al día.

El factor humano y la seguridad

Mover material pesado en los campos por la noche aumenta los riesgos de accidente. Los cañones enrolladores pesan varios cientos de kilos, y su reposicionamiento en suelos encharcados requiere tractores. Jean-Louis Durand destaca además otro aspecto: “Es importante que los agricultores trabajen a la vista de todos”, tanto por razones de transparencia como de seguridad laboral.

Joven trabajador agrícola tirando de una manguera de riego en un huerto de olivos bajo el sol mediterráneo

Gestión colectiva del agua y turnos de riego impuestos

En muchas cuencas, los regantes no eligen libremente su franja horaria. Los organismos únicos de gestión colectiva (OUGC) distribuyen los volúmenes y las franjas horarias entre los explotadores para evitar que las extracciones simultáneas superen la capacidad del medio.

Este sistema de turnos de riego asigna a cada explotación una franja precisa, a veces en plena jornada. El agricultor riega cuando le toca, no cuando lo desea. Rechazar la franja asignada equivale a perder su volumen para el período correspondiente, lo que puede comprometer la cosecha.

La gestión colectiva también explica por qué se observan riegos en horas aparentemente absurdas. Un explotador cuyo turno cae entre las 13 h y las 17 h no tiene otra opción que regar en ese momento, incluso si la temperatura supera los 35 grados. El calendario colectivo prima sobre las recomendaciones generales.

La discrepancia entre la percepción pública y la realidad técnica sigue siendo el nudo del problema. Las pérdidas por evaporación en aspersión están documentadas como marginales, los decretos distinguen las técnicas sin prohibir todo durante el día, y los turnos de riego imponen franjas que el explotador no controla. La próxima vez que un cañón gire bajo el sol, la probabilidad de que sea un desperdicio es mucho más baja que la de una restricción sufrida.

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